La Navidad suele asociarse a la idea de hogar: a la mesa compartida, al calor, a la seguridad de tener un techo donde refugiarse del frío. Precisamente por eso, estas fechas hacen todavía más visibles —y más difíciles de asumir— las situaciones de injusticia que afectan a quienes no tienen garantizado ese derecho básico.
En las pasadas semanas, el desalojo del antiguo instituto B9 en Badalona dejó sin alojamiento a cientos de personas, muchas de ellas familias, sin una alternativa habitacional clara y en pleno inicio del invierno. Una situación que obliga a mirar más allá del titular y a reflexionar sobre sus consecuencias reales.

Cuando se produce un desalojo sin solución, el problema no se resuelve: se traslada. Las personas no desaparecen, sino que se ven obligadas a buscar refugio donde pueden, a desplazarse a otros municipios o a vivir en condiciones mucho más precarias. Esto incrementa la vulnerabilidad social y genera situaciones más complejas que, a medio plazo, acaban afectando al conjunto de la sociedad.
Es importante, además, poner rostro y contexto a lo ocurrido. Muchas de las personas desalojadas eran trabajadoras y trabajadores con empleos inestables o salarios bajos. Personas que tienen ingresos, pero que no pueden acceder a una vivienda en el mercado actual, donde los precios se han disparado hasta niveles inasumibles.
«No hablamos solo de personas sin empleo, sino de personas que trabajan y aun así no pueden permitirse un hogar. Cuando el sistema expulsa a quienes cumplen con todas las reglas, el problema deja de ser individual y se convierte en estructural.»
Este debate conecta con un cambio profundo que ya estamos viviendo como sociedad. Durante décadas, la generación del baby boom pudo acceder a la vivienda en un contexto de fuerte construcción y precios asumibles. Hoy, esa realidad ha desaparecido. Nos encontramos ante una nueva generación —jóvenes y familias trabajadoras— que no puede comprar una vivienda y que vive atrapada en un mercado del alquiler cada vez más caro, más inestable y más abusivo. Esta situación no es coyuntural: es una bomba de relojería social si no se actúa con urgencia.
Una respuesta integral
Por eso, desde En Comú Podem defendemos que la respuesta debe ser integral. Afrontar la crisis de la vivienda exige medidas globales, como las impulsadas recientemente desde el Parlament de Catalunya para regular el alquiler de temporada y de habitaciones, frenar los abusos y poner límites claros a la escalada de precios.
Se cierra la trampa legal. Los contratos de temporada deben justificar la causa real (trabajo, estudios) y no podrán usarse para esquivar la regulación de precios.
El alquiler por habitaciones deja de ser un agujero negro: la suma de las rentas no puede superar el precio máximo del piso completo según índice.
Fruto de una década de lucha de los Sindicatos de Inquilinas y la firmeza política de poner la vivienda en el centro de la agenda.

Estas medidas son fruto de años de movilización social y de acuerdos políticos que hemos condicionado desde En Comú Podem en los procesos de investidura, situando la vivienda en el centro de la agenda pública, con un objetivo claro: cerrar el fraude y recordar que un hogar no puede tratarse como una mercancía.
Compromiso local: Sant Andreu de la Barca
Pero legislar no es suficiente si no se actúa también desde lo local. En Sant Andreu de la Barca somos plenamente conscientes de que el problema de la vivienda también nos atraviesa como municipio. Familias que destinan una parte desproporcionada de sus ingresos al alquiler, jóvenes que no pueden emanciparse y se ven obligados a marcharse fuera, y una creciente inseguridad residencial.
Por ello, este compromiso se concreta en un trabajo claro y decidido para avanzar en la obtención de tres terrenos y espacios estratégicos del municipio, con el objetivo de poder edificar vivienda y ampliar el parque público. Esta es una prioridad municipal que requiere tiempo, recursos y cooperación institucional.
En este punto, es imprescindible que tanto el Gobierno de España como el Parlament de Catalunya asuman su parte de responsabilidad y faciliten las negociaciones necesarias para la cesión de los terrenos vinculados a la SAREB. Convertir estos activos en vivienda de alquiler social no es solo una opción política: es una obligación social y una deuda pendiente con la ciudadanía.
La Navidad nos interpela como sociedad. Nos invita a preguntarnos qué modelo de país y de ciudades queremos construir: uno que mira hacia otro lado cuando alguien se queda sin casa, o uno que asume que garantizar un techo digno es una responsabilidad colectiva.
Ojalá que el 2026 sea el año en que avancemos, de verdad, hacia soluciones valientes, pedagógicas y humanas. Porque no hay luces suficientes que puedan ocultar la injusticia de dejar a alguien sin hogar, y porque ninguna Navidad es completa si no es para todas y todos.
¡Feliz 2026 y que viva la lucha de las que no se rinden!
Isabel Marcos
Portavoz de En Comú Podem Sant Andreu de la Barca
Políticas Honestas.